El doble juego de la Tasa Tobin

Por Webmaster • 9 Nov, 2009 • Sección: Bolsa, Destacados

Los contundentes efectos que está teniendo la crisis en las principales economías del planeta, unido al temor a que dentro de unos pocos años vuelva a producirse otra de mayor gravedad si cabe, está dando lugar a que se propongan soluciones de todo tipo que creen los cortafuegos financieros necesarios para evitar nuevos desastres. El último en subirse al carro ha sido el ministro británico de Economía, Alistair Darling, la mano derecha del sentenciado Gordon Brown, quien defendió en la última cumbre del G20, celebrada hace unos días en Escocia, la instauración de la Tasa Tobin, una antigua y utópica idea de un economista hoy olvidado, el norteamericano James Tobin, que le sirvió en su día para ganar nada menos que el Nobel de Economía. En la actualidad, los movimientos antiglobalización y los grupos antisistema han abrazado esta teoría, lo que ha llevó al propio Tobin a declarar que “el aplauso más sonado a mi trabajo viene del lado equivocado”. Veamos en qué consiste y sus posibles aplicaciones en el mundo postcrisis que nos espera el día de mañana.

Origen conflictivo

En 1972, el mundo podría parecernos ahora un lugar más feliz y sencillo en el que vivir, pero las cosas no eran nada fáciles. Había pobreza, gobiernos dictatoriales repartidos por el planeta, guerras como la de Vietnam que confirmaban la división del planeta entre capitalistas y comunistas, pero, sobre todo, había una profunda crisis en el sistema financiera internacional. El patrón oro hacía aguas y ya no podía servir de guía en las transacciones financieras internacionales.

El presidente norteamericano Richard Nixon tomó la iniciativa en Breton Woods, sacando a su país del sistema y tomando como referencia su propia divisa, el dólar. Poco después, sus aliados europeos le secundaban: la relaciones económicas globales cambiaban drásticamente y daban un gran paso adelante hacia la globalización que hoy vivimos.

En ese panorama, James Tobin expuso por primera vez su teoría, mediante la cual era conveniente crear un impuesto sobre el flujo de capitales a nivel mundial, que gravase entre un 0,1% y un 0,25% cada una de las transacciones financieras. Su idea era pagar cada vez que se produjera una operación de cambio de divisas para frenar así el cambio de una moneda a otra. Por debajo, su objetivo subyacente era el de evitar que las especulación acabase infectando la relaciones comerciales del mundo. ¿Les suena de algo esta idea?

Detractores y partidarios

Rápidamente, surgieron gran cantidad de partidarios de la Tasa Tobin, que creían que con su instauración se podría obtener liquidez suficiente para luchar contra los eternos problemas que genera el sistema capitalista, como, por ejemplo, la pobreza. De ahí que los movimientos de izquierdas no tardasen en abrazarla hasta casi apropiarse de la idea. De hecho, en 1997, el editor de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramoneda, inició una campaña para generar una opinión pública internacional a su favor, y hasta creó una organzación, la ATTAC, para darla a conocer.

Casi al mismo tiempo, otros muchos, sobre todo en las clases dirigentes, criticaron la Tasa Tobin por considerarla una medida intervencionista que obstaculiza el libre comercio, perjudicando a los países menos competitivos y haciendo muy difícil de recaudar y cuantificar.

El último en mostrar su disconformidad fue el Secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, que dijo que su país “no está preparado para respaldar esta medida”, ya que la considera de “dudosa moralidad” para el sistema monetario internacional. En la misma línea, la Asociación de la Banca Británica -la BBA- aseguró que no cree que la tasa Tobin funcionase porque requiera de “una aplicación global perfecta”, que, en la actualidad, es imposible de conseguir.

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