Seven sins in the Spanish Economy

7-Pecados

A pesar de las palabras (seamos buenos, y creamos que bienintencionadas) del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, el desgaste en los últimos años de la economía española no parece aventurar nada halagüeño de cara al futuro. Veamos parte de los errores que arrastra tradicionalmente y démonos cuenta de que es necesario una profunda reestructuración para comenzar a notar cambiar positivos en el largo plazo.

1. Seis millones de parados. Tras ganar las elecciones de finales de 2011, Mariano Rajoy aseguró que “Sabemos lo que tenemos que hacer, lo tenemos muy claro y lo vamos a hacer”. A pesar de la caótica herencia económica del Gobierno de Zapatero, ninguna de las medidas emprendidas desde entonces han demostrado tener efecto positivo alguno. De hecho, el nuevo Ejecutivo ha tenido el honor de ser el primero que ha inaugurado una tasa de paro superior al 28%, con 6 de cada 10 jóvenes que quieren trabajar y no pueden hacerlo. Más de seis millones de parados llenan España.

2. Corrupción. El caso del fraude sindical con los Eres en Andalucía, la Operación Campeón, el Caso Gürtel, las cuentas de la Familia Real, los escándalos de la Generalitat catalana… y así cientos y cientos de casos que han saltado al primer plano de la opinión pública y que han ayudado a fomentar aún más el descrédito de la democracia española a escala internacional. Todos ellos todavía aún de obtener resoluciones judiciales finales, lo que augura posibles nuevos descubrimientos que aumentarán todavía más nuestra indignación.

3. La nacionalización de los bancos quebrados. Novagalicia, Bankia, Banco de Valencia y Catalunya Caixa. Protagonistas del desastre del sistema financiero español, que inició en 2008 su reconversión vía privatización de las Cajas de Ahorros, destapando los excesos cometidos por los distintos gobiernos autonómicos durante décadas. El trasvase de los activos tóxicos inmobiliarios de estas entidades insolventes al banco malo, la Sareb, ha sido el último episodio, que aún preludia nuevos desastres en ciernes.

4. El estallido de la burbuja inmobiliaria. Según datos del Banco de España, entre 1997 y 2007, el precio de los pisos se incrementó un 114%, o, lo que es mismo, cada año, las viviendas se revalorizaban más de un 10% por encima de lo que crecía la economía real y la inflación. En paralelo, la construcción de inmuebles se disparaba: si desde 1990 a 1997, se construían de media unos 250.000 hogares anuales; en la década siguiente, esta cifra se dobló, sobrepasando las 500.000 unidades. La llegada de inmigración, la bajada de tipos hipotecarios, el incremento en el nivel de vida o la facilidad en la concesión de créditos por parte de los bancos son sólo algunas de las causas que explican la llegada de esta etapa dorada para el ladrillo, y que tuvo su abrupto final a mediados de 2007. En abril de ese año, los precios de la vivienda comenzaron su decadencia, que les llevó a encadenar en torno a 70 meses de caídas consecutivas. Un cambio de tendencia atroz, devastador.

5. Aumento exponencial de la morosidad. Los bancos han cerrado el grifo de la financiación. Miles de autónomos, emprendedores y pymes se las ven y se las desean para llegar a fin de mes. Muchas otras se ven abocadas al cierre, mientras infinidad de proyectos de negocio se quedan en nada al no encontrar la ansiada vía del dinero. En medio de todo, el repunte increíble de la morosidad y los créditos de dudoso cobro, que ya suponen un 11,4% sobre el total. De nuevo, conceptos como irresponsabilidad o acceso salen a colación al pensar en por qué se fue tan poco exigente hace algunos años en la concesión de préstamos y líneas de crédito.

6. Fuga de capitales. El aumento desorbitado de carga fiscal, unida a la cierta permisividad tradicional que ha habido con las grandes fortunas ha provocado que miles de millones de euros se hayan marchado con total impunidad del país en los últimos años. Las nuevas medidas en contra de los depósitos financieros y que penalizan claramente el ahorro todavía han echado más leña al fuego. En el debe del ministro Montoro el haber intentado llevar a cabo una amnistía fiscal que resultó un rotundo fracaso para las Arcas del Estado. En 2012, la salida de capitales superó los 300.000 millones de euros.

7. La sangría del aparato estatal. El gasto público apenas se ha logrado contener en el último lustro a pesar de la crisis. En concreto, el coste de las administraciones en conjunto supera en más de un 50% a los ingresos. Además, las medidas que el Ejecutivo ha aprobado no han tocado en absoluto la situación del gasto público, aparte de los recortes en salarios y pagas extra de funcionarios. La deuda pública, que se mantuvo constante hasta 2008 en torno a los 400.000 millones de euros, ahora es justo el doble, suponiendo casi el 80% del pib.


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